miércoles, 8 de octubre de 2008

Mi partida.

Vi palpitar la tristeza en tus ojos, observe que por tu mejilla rodaba una lágrima. Ausentaste tu vista de mi, y sin más quedamos aislados uno del otro. Una barrera se forjó en nuestro camino, como glaciares puestos entre medio, no pudimos abrir la boca, el silencio se apodero de nosotros.

Largos momentos medité, sin encontrar respuesta a esta sensación, sólo pude ver que la confusión dejaba estragos. Sentí nauseas, rabia, angustia, pena, pero por sobretodo lástima. Herí lo que mas ame, y aunque esto me rasgaba el pecho, no podía volver atras. Caminamos con las ganas deslizadas al suelo por ese sendero que nos conducía a una relidad ilusoria... el camino a casa.

Mis sentidos se bloquearon al estar frente a esa puerta, tu la abriste yo seguí detras... ¡¡¡papá, mamá!!! la única verdad de toda esta mentira, la cuál hoy me digno a abandonar.

Recuerdo aquél día lejano cuando las hojas caían de lado con brisa cálida de primavera. Sus piernas cruzadas a mi cintura dieron el adiós a mi partida. Sentado en la puerta dejé todo lo que tenía. Hoy no me queda nada...

Postrado en esta cama escribo mi última carta, a rienda suelta doy mi suspiro terminal de esta vida solitaria.

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